   Finge gota de sangre congelada
sobre el lascivo borde de una herida;
para aumentar su luz a la granada
roba su gama de carmín teñida.

   El cáliz de la rosa ensangrentada,
encierra del rubí luz encendida,
y de los belfos de la puñalada
brota el rubí de grana desleída.

   Al mirarlo en tu seno colocado,
y ver sobre tus senos, he pensado,
la herida de un florete damasquino;

   o bien que ardiendo, en vivos resplandores
incendiara tu cuello alabastrino,
una llama de vivos resplandores.