   En el amplio confín la tarde trama,
como una araña, su dorada urdimbre,
y la ola que al mar bota y derrama,
vibra, al romperse, con sonoro timbre.

   Brinca el pescado de luciente escama
en la canasta de tejido mimbre,
y en el peñón de bronceada gama,
se abre, en la entraña, la profunda cimbre.

   A un lado de la costa, la montaña
se tiende sobre el mar, hosca y huraña,
donde las olas dejan blancas huellas.

   Y se apaga la tarde en las profundas
cisternas de tus ojos, donde inundas
la exótica oblación de mis querellas.