   ¡Siglo el tuyo cruel! Rayo del cielo,
ahogado por jirón de niebla oscura,
tu espíritu cruzó la tierra impura
en un signo de barbaries bajo el duelo;

   del humo de las piras tras el velo
cubrió Dios por no verle, su faz pura,
y en su infinito amor a la criatura
otra vez en tus cuadros bajó al suelo.

   Tu Siglo mata, mientras mueres triste,
el alma en Dios, el corazón en calma,
bendiciendo el calvario que subiste.

   Y amando el Arte sin ansiar la palma,
del dolor en las aras ofreciste
la purísima hostia de tu alma.