   La escena cambia; una mezquina pieza;
en un jergón tres niños dormitando,
y una bujía que se va apagando
en luz envuelve a una mujer que reza.

   De pronto, por la puerta, la cabeza
aparece de un hombre que va entrando,
y míseras porciones va dejando
de peces y de pan sobre la mesa.

   -«¿Es todo lo que el cielo nos envía?»,
pregunta la mujer que antes oraba.
Y él le contesta con fervor profundo:

   «Demos gracias a Dios por este día
que me dio pan, aunque la mar bramaba,
y me devuelve al seno de este mundo.»