   «Descubro un porvenir con noble intento
lo alcanzaré, dijiste: ¡patria mía!
para servirte de piloto y guía
no me falta saber, me sobra aliento.»

   Y España te admiró en el Parlamento
cuando en aciago, tormentoso día,
de allí alejaste la discordia impía
con tu suave irresistible acento.

   Todo pasó: la muerte despiadada,
con rostro horrible y expresión aviesa,
en tu carrera te detuvo, osada:

   «En vano luchas: eres ya mi presa
grito: el lindero es este de la nada.»
Y sin piedad te sepultó en la huesa.