   Apenas sale el sol, ya la campana
consagra al pueblo el despuntar del día
y con rápida y loca algarabía
inunda d e sus ecos la mañana.

   Despierta su tañir a la aldeana
que en vagares de dicha sonreía
y el mocetón fornido que dormía
el sueño de la paz tranquila y sana.

   Brilla el sol en la bóveda serena;
en la verde enramada el ave trina
y allá en la plaza el tamboril resuena.

   Su fúnebre canción el sauce entona
a la par que la fuente cristalina
se desliza incitante y juguetona...