   Virgen de la marisma solitaria,
a tus plantas se tiende la llanura
y por ella, magnífica, murmura
la fronda de los pinos su plegaria.

   Reina triunfante: la Naturaleza
te rinde adoración con su amplio rito;
y el sol -en su rodar- con infinito
trazo de luz te nimba la cabeza.

   Virgen, Reina y Pastora: la guirnalda
perenne de los campos de esmeralda
forma, a tus pies, inmensa canastilla...

   Y te levas magnífica y serena
como deidad espléndida y morena
arrancada del alma de Sevilla.