   En tus catorce líneas paralelas
debajo de tu nombre bien medidas,
a llenarte de versos me convidas,
a mi afición sirviéndole de espuelas.

   Sin sujetarme a rígidas escuelas,
y nunca nunca con placer nacidas,
y siempre siempre de amargura henchidas,
cuajo en tu nombre yo mis cantinelas.

   A mi musa rogándole, no en vano,
que ponga pulso a mi nerviosa mano
para acoplar cuartetos y tercetos,

   voy de mi vida por el mal camino,
acadenado a mi fatal destino:
¡llorar mis penas y escribir sonetos!