   Dicen, Soneto, que tormento eres
por las traviesas Musas inventado,
y que es más que difícil tu trenzado,
si ha de tener los justos caracteres.

   No me acomodo a tales pareceres;
par mí fuiste el cáliz nacarado
con que brindó mi afán de enamorado
al placer y al amor y a las mujeres.

   ¡En un soneto entronicé a Conchita!
¡Otro forjé para la excelsa Pura!
¡Otro puse a los pies de Isabelita...!

   Y, cantando en sonetos su hermosura,
con efusión romántica infinita
me colmaron de amor y de ventura.