   Es todo un viejo lobo; con sus grises pupilas,
las maneras calmosas y la tez bronceada.
Solemos vagar juntos en las tardes tranquilas;
yo le estimo, él me llama su joven camarada...

   Está bien orgulloso de su pasado inquieto;
ama las noches tibias y los días de sol;
y entre otras grandes cosas, dignas de su respeto,
es una, la más alta, ser súbdito español.

   En tanto el mar se estrella contra las rocas duras,
él gusta referirme curiosas aventuras
de cuando fue soldado de la Marina Real;

   de aquel famoso tiempo guarda como regalo,
la invalidez honrosa de su pierna de palo
y su cruz pensionada del Mérito Naval...