   La taberna del muelle tiene mis atracciones
en esta silenciosa hora crepuscular.
Yo amo los juramentos de la conversaciones,
y el humo de las pipas de los hombres de mar.

   Es tarde de domingo, esta sencilla gente
la fiesta del descanso tradicional celebra;
son viejos marineros que apuran lentamente,
pensativos y graves, sus copas de ginebra.

   Uno muy viejo cuenta su historia: de grumete
hizo su primer viaje el año treinta y siete,
en un patache blanco, fletado en Singapur...

   Y, contemplando el humo, relata conmovido
un cuento de piratas, de fijo sucedido
en las lejanas costas de América del Sur...