   Yo fui el bravo piloto de mi bajel de ensueño,
argonauta ilusorio de un país presentido,
de alguna isla dorada de quimera o de sueño,
oculta entre las sombras de lo desconocido...

   Acaso un cargamento magnífico encerraba
en su cala mi barco; ni pregunté siquiera;
absorta mi pupila las tinieblas sondaba,
y hasta hube de olvidarme de clavar mi bandera.

   Y llegó el viento Norte, desapacible y rudo;
el poderoso esfuerzo de mi brazo desnudo
logró tener un punto la fuerza del turbión;

   para lograr el triunfo luché desesperado,
y cuando ya mi cuerpo desfalleció cansado,
una mano en la noche me arrebató el timón.