   -Eres, noble virtud, un nombre vano-
exclama Bruto al contemplar vencidas
en Filipos sus huestes, que oprimidas
huyendo van del vencedor romano.

   Roto yace el pendón republicano,
y las tristes legiones destruidas
van sin gloria a humillarse envilecidas
del fiero Antonio ante el poder tirano.

   Al ver de Casio perecer la armada,
venganza estoica de los hados toma;
hunde en su pecho la fulminea espada,

   el alma, exangüe por la herida asoma,
y al volar por la esfera dilatada
lleva tras sí la libertad de Roma.