   Tumbado muellemente sobre el heno,
hundida la mirada en la llanura,
y aspirando un aroma de frescura
me he sentido vivir: soy sano y bueno.

   Hubiera derramado de amor lleno
mi salud sobre toda criatura,
y toda la bondad y la ternura
de que mi corazón se hallaba pleno.

   Y comprendí la poesía toda
que en los rubios panales de una oda
de Fray Luis -¡tan humilde!- se halla presa.

   Recién cuando tumbado muellemente,
púseme muy humilde, humildemente,
a dialogar con la naturaleza.