   ¡Oh dulces piedras del feliz torrente
que al alma pura del Levita Esteban
de protomártir la corona llevan
en sangre virgen al teñir su frente!

   En el que me circunda, áspero ambiente
hoy del Cedrón los pastos se renuevan.
Pedradas mil sobre mi cuerpo lluevan
si idéntico dulzor mi ánima siente.

   Si al derribarme el pedregal de hinojos,
el cielo abrir sus puertas de zafiro
a ver lanzan mis sangrientos ojos;

   si a la diestra del Padre a Cristo miro,
y con mis labios, por la sangre rojos,
a mis verdugos perdonando expiro.