   ¿Tú también vivo, Sancho, el escudero
panzudo y comilón, chusco y ladino?
¿Y de la gloria el elixir divino
tus venas hinche y tu magín grosero?

   Juntos los dos: delante el caballero,
tú a la zaga montado en tu pollino;
él, absorto en su heroico desatino,
tú riendo zumbón y majadero.

   Así van juntas, la trivial Cordura
siempre discorde, y la ideal Quimera
de su importuna sombra perseguida.

   ¡Emblema triste es, Sancho, tu figura!
Del alma pura la Materia asida,
de la Ilusión, la Realidad rastrera.