   ¡No más, no más! Por la inocencia mía
que yo inmolé, Paón, a tu hermosura;
por ese filtro de letal dulzura
que bebo en tus miradas todavía;

   por el raudal de intensa poesía
con que ensalcé mi amor y mi ventura,
amor que aun arde en llamarada impura,
ventura muerta como flor de un día;

   y por aquellos ósculos de fuego
que en la embriaguez de impúdicas delicias
dejaban en mi piel marcas sangrientas,

   que pongas fin a mi furor te ruego;
y hasta el cielo me lleven tus caricias,
o al Averno mis celos y mi afrenta!