   ¡Vanos mi ruegos y mi lloro han sido!
A ti me acojo, Léucades bravía,
Safo en tu sirte milagrosa fía
que le dará la muerte o el olvido.

   ¡Duélate mi pasión, diosa de Gnido!
y si en hora feliz la lira mía
vibro en tu prez, mitiga en mi agonía
el amargor de mi postrer gemido.

   ¡Hijas de Lesbos! Si mi cuerpo inerte
llevase a vuestros pies la onda traidora,
cubridlo de verbenas y amarantos,

   y aplaque en él su cólera mi suerte,
pero el fuego que el mar apague ahora,
rojo esplendor irradiará en mis cantos!