   Lleva en la mano un arpa laureada
y cíngulo de estrellas en la frente;
vaga en el éter y su huella ardiente
deja inmortales formas en la nada.

   Tiende el velo de Maya y hechizada
la Realidad transfigurar se siente.
Bebe del alma, un vino fervescente
la escancia que sus penas anonada.

   ¡Ah! vuelve a mí tus ojos, Poesía,
y el jugo suave de la flor del loto
vierte en el cáliz que me diste un día,

   ahora de acíbar rebosante y roto.
¡Sirena, ven; y la barquilla mía
lleva cantando, a su ancladero ignoto!