   Me entristezco riéndome, y demando:
¿no erais locos, también, aventureros,
de Arturo inmaculados caballeros,
pares de Carlomagno y de Rolando;

   mártires voluntarios en nefando
circo inmolados con suplicios fieros;
paladines andantes y palmeros,
cruzando el pecho, el Asia ensangrentado!

   ¡Almas sublimes, rica florescencia
de heroica Juventud, cuando rendía
Cervantes culto a la Razón, su mente

   no fue apodar vuestra virtud demencia!
Amó el Honor, la Fe, la Poesía,
¡¡Y quién dijere lo contrario, miente!!