   ¡Pueblos, en ambos mundos moradores,
que la que fue de América señora
con su genio y su sangre bullidora
crió, de inquietos padres sucesores;

   guardad su lengua henchida de primores,
como el diamante límpida y sonora
como clarín de oro y que atesora
fuerza, esplendor, esmaltes y colores!

   Roto el yugo que esclavos nos uncía,
sea -libres ya y hermanos como antes-
la habla materna el lazo que nos una;

   dulce su acento al alma y su armonía;
y el homérico libro de Cervantes
joya de honor, blasón de nuestra cuna.