   Clama Antonio: ¡No más! -Cleopatra ansía
todo el vaso apurar, mas él la impide,
y apartando la espléndida clamide,
ase el cáliz de rica orfebrería.

   -Porque tu fe perdure sin falsía
más que ese olor que el ánfora despide,
que me dejes beber mi amor te pide
esa mitad que por derecho es mía.

   Fundiste la mejor joya del orbe
en el licor que Anacreonte amaba
y que en sus versos destiló su aroma.

   ¡Regio regalo! Mas tu copa hoy sorbe
más, algo más: mi gloria que aquí acaba,
y la silla imperial que pierdo en Roma.