   Cesó el combate; el triunfo del guerrero
príncipe, exalta el lustre de su cuna.
¡Cuán otra de Cervantes la fortuna;
manco, herido, olvidado y prisionero!

   El Pontífice, el Rey, el Orbe entero
honran al héroe que humilló a la Luna,
y el que a España dio gloria cual ninguna,
baja a ignorada huesa, como Homero.

   Corren los siglos, y cambiante gira
también la luz, y la razón s ensancha,
los fallos de otra edad el tiempo trueca,

   que a enaltecer la humanidad aspira,
engrandece a «El Hidalgo de la Mancha»
y los laureles de Lepanto seca.