   Hermano, aguarda. Quiero descansar a la sombra
del árbol milenario. Ya encontré en el camino
el báculo amoroso que ayuda al peregrino
a rendir su jornada. Aquí, sobre la alfombra,

   que bordan esmeraldas y violetas, espero.
Bajo el manzano arrulla sosegada una fuente.
Deja que purifique su frescor transparente
mis plantas de la sangre y el polvo del sendero.

   Hermano, marcha solo. Un ensueño apacible
encadena mi espíritu al árbol milenario.
Hay un nido en las ramas y un ave que se queja.

   Ya no temo el cansancio. Ya me siento invencible.
¡Porque he visto al abrigo de un techo hospitalario,
asomarse la vida, sonriendo, a una reja!