   Cuando la mano del benigno sueño
mis ojos cierra y mi velar halaga,
en torno de mi lecho vuela y vaga
fantasma bella de mirar risueño.

   Ora alegre me mira, ora con ceño;
pero ceño gentil de hermosa maga:
Ora ¡bálsamo dulce a mi alma aciaga!
vierte en mi labio un ósculo halagüeño.

   Y ya con lengua angélica me dice
palabras como música o me abriga
bajo sus grandes transparentes alas.

   ¿Quién eres pues, espíritu felice?
¿Naciste en este mundo de fatiga,
o pisas ángel las celestes salas?