   Bella es la edad, cuando el amor convida
con un incontrastable poderío
a darte el corazón, ídolo mío,
y a hacer de ti mi júbilo y mi vida.

   ¿Cuál cosa habrá que idolatrar me impida
tu rostro y talle, en que beldad y brío
ponen con duplicado señorío
un grillo eterno a mi ventura huida?

   Ser del todo feliz ninguno sabe,
así lo dice el rey y así el esclavo,
por tener la esperanza cosas de ave.

   Mas yo que nunca de adorarte acabo,
digo que es carga plácida y suave
morir de amor, si al fenecer te alabo.