   ¿Es girar tu destino, como gira
el vago insecto entre el charcal y el lodo,
pobre mujer, y con doliente modo
mirar a la ciudad, que no te mira?

   La compasión profunda que me inspira
esa orfandad, que siento y que no apodo,
quisiera yo, para cumplir con todo,
dársela al son de mi tronchada lira.

   ¡Oh! vuelva a ti los compasivos ojos
aquel buen corazón, que a ti se hermane
y abra a tus tristes lágrimas el seno.

   Que también eres tú flor entre abrojos,
sol que nube no habrá que le profane,
perla gentil que se escondió en el cieno.