   ¡Oh amada y dulce Cuba! a quien inunda
de esplendor y de vida el sol ardiente,
y en cuyo fértil suelo floreciente
la amistad y el amor sin dolo abunda.

   Tus ninfas cantaré, mientras fecunda
en fuego juvenil arda mi mente,
y mientras pueda el corazón vehemente
sentir la llama en que mi bien se funda.

   Amor el estro celestial me inspira,
y en noble gratitud yo mis cantares,
mi ambición le consagro, mi alma y lira.

   «Amor» suene en tu orilla ¡Oh, Almendares!
y hasta el confín donde la luz expira,
«Amor» repitan los inmensos mares.