   Lágrimas rinden al varón robusto,
llanto derrama el ternezuelo infante,
lágrimas vierte el afligido amante,
llora el mendigo y el monarca augusto.

   Porque es el llanto entre el placer y el gusto
recuerdo del dolor que va delante,
y en la copa del néctar espumante
mezclado con la dicha está el disgusto.

   En el pesar es dulce medicina,
que blanda cura las humanas llagas;
el llanto cava hasta la dura losa.

   Rinda mi llanto, pues, madre Erycina,
cual suave filtro de hechiceras magas,
el pecho de Belisa desdeñosa.