   Es un mes del que hay mucho que decir,
pues no hay otro tan lleno como él:
mes delicioso, abominable, cruel,
muy bueno de llorar y de reír.

   El ricacho se puede divertir
y encuentra que diciembre es todo miel;
pero al pobrete se le antoja hiel,
llegando hasta el extremo su sufrir.

   El premio gordo, el pavo, los turrones,
la hartura de los buches ya repletos,
alternan con los agrios lagrimones

   que vierten mil vivientes esqueletos;
y aquí doy punto a mis lucubraciones
y se acaban el año... y los sonetos.