   Rodeada está la mesa de atentos jugadores
sobre el tapete oscuro la luz discreta baja;
cien ponen toda su vida en la baraja
y ella es laca suerte que brinda sus amores.

   Hay un silencio extraño. Los graves talladores
revuelven de su mazo la pintoresca faja;
las manos dan posturas, el cerebro trabaja,
y suenan las monedas y fichas de colores.

   Ya así, la muda reina, Fortuna la inconstante,
girando se halla en torno de cada concurrente
como en torno a las luces la mariposa errante.

   Y entre monedas, fichas, baraja y suerte loca,
el hombre allí clavado, cual bestia impenitente,
¡no sabe alzar al triunfo la voluntad de roca!