   ¡Mátame sin temor! Yo fui quien puse
más de un fino alfiler en la almohada
de tu Mirene, mi rival odiada,
y su rostro de Venus descompuse.

   ¡Y quieres saber más! después me impuse
en su alcoba secreta con Andrada;
y con Cintia y Friné!... Desesperada,
grito, lloro!... Remedios le propuse,

   y aunque atenderla con piedad fingimos,
¡cómo luego a hurtadillas nos reímos!
¡Por Júpiter! ¡Qué triunfo! Yo creía

   que todos los placeres conocía,
y el más grande, a una rival temible
la encantadora faz dejarle horrible!...