   ¡Ah! ¡Te he visto! Detrás de la enramada
estabas con Cloé bien escondido,
y de tus besos conocí el sonido
en su fresca mejilla sonrosada.

   Seductora, voluble y descocada,
me llamaba tu labio fementido;
y yerta de dolor, perdí el sentido,
de mi amor inaudito avergonzada!

   ¡Y reía Cloé!... La mujercilla
que supone ser bella entre las bellas
y es amiga de sátiros lascivos!

   ¡Pues bien! ¡En esa impúdica mejilla
que tú has besado, dejará sus huellas
el nácar de mis dientes incisivos!...