   ¡Te acuerdas!... Fue una noche deliciosa
Cupido en torno nuestro sonreía,
y en el loco bullicio de la orgía
a tu lado me hallé, tierna y gozosa!

   Dulce vino de Chipre, en la preciosa
copa te dio a libar la mano mía;
con mis trémulos brazos te ceñía,
más que nunca incitante y voluptuosa!

   ¡Sentí en la boca un ósculo de fuego!
Después, voluble, con suprema calma
te fuiste, sin oír mi blando ruego!

   Mas del beso fugaz quedó la huella,
¡ y aun palpita, encendido, aquí en mi alma,
como en cielo nocturno, ardiente estrella!...