   Mas la noche llegó, pura y hermosa
cual desposada del ardiente día,
que con trémula mano le ceñía
corona de diamantes luminosa.

   El tronco de la palma, cariñosa,
la liana entre sus redes envolvía,
y al oculto nidal rauda volvía
con anhelos de amante, la tojosa.

   Y el mismo adolescente que admiraba
la flor en que a la virgen otorgaba
casta caricia que no deja agravios,

   clavó en la bella la mirada ansiosa,
y abandonando la marchita rosa,
se embriagó con la esencia de sus labios.