   Yo siempre he amado el rústico bohío
que a los buenos indígenas sirviera,
entre el verdor de la feroz pradera
de albergue en el invierno y el estío.

   Me place contemplarlo junto al río
bajo el mango frondoso y la palmera,
como recuerdo de la edad primera
en que fue tan dichoso el sueño mío.

   Humilde es esa herencia que guardamos;
mas si ante la injusticia resignamos
como el indio infeliz, nuestros derechos,

   heredamos también con su alma altiva
el ansia de ser libres, que honda y viva
arde cual llama eterna en nuestros pechos.