   ¿Eres tú? ¿Y en la góndola enlutada
por tu pálida mano dirigida,
de mi cruento dolor compadecida,
quiere llevarme a la región soñada?

   ¡Partamos, pues! La brisa perfumada
cual nuncio de la tierra prometida
con ósculos de amor y bienvenida
acaricia mi frente atormentada!

   ¿Hieran los remos la brillante espuma,
rasgue la proa audaz la densa bruma,
que a nuestros pies se rinda el mar profundo;

   y de la Eterna Luz a los reflejos,
piérdase, como un átomo, a lo lejos,
con sus venturas míseras el mundo!