   Si todo el peso del orgullo humano
un tiempo gravitó sobre el «Quijote»,
alzándose en titánico rebote
al fin lo sacudió cual polvo vano.

   Su autor, de los ingenios soberano,
y de la Edad Moderna sacerdote,
venció a Roldán, Orlando y Lamarote,
derribando a los tres con una mano.

   Como el alud que rueda en la montaña,
el libro sin rival y sin segundo,
rodó desde el palacio a la cabaña.

   Logrando el héroe, pensador profundo,
con la tizona, contener a España
y con la pluma, conmover al mundo.