   ¡Que de pedantes tu atención se ocupe!
Oye, escucha de ti lo que se infiere,
diga el mundo después lo que dijere
de si supe juzgarte o si no supe.

   No me pareció bien que el hueso chupe
quien malezas del tuétano refiere,
quien mal quiere a su imagen mal se quiere,
su rostro moja quien al cielo escupe.

   Mostraste conocer a los pedantes;
bien puedes ¡veterano en el servicio!
Pero, ¿a qué tus clamores incesantes?

   Mas ya a Pedancio sé por impropicio
en prosa en ristras fulminantes,
pues ¿quién es tu enemigo? El de tu oficio.