   Brindó Brabo, no el padre, sino el hijo
(y de gracias de entrar en el reparto,
que harto me tiene su meneo, y harto
su voz broco-chillona, de botijo)

   este semiparto, posma y prolijo,
cantó... un soneto de desgracia parto,
y al llegar al renglón decimocuarto
«¡Bravo, Bravo!» escuchó con regocijo.

   «¡Bravo, Bravo!», exclamó. «¡Triunfo completo!
El lauro eterno de alcanzar acabo
que orló la sien de Lope y de Moreto!»

   Y es que uno dijo de la mesa al cabo:
«¿Quién es autor de tan fatal soneto?»
y respondieron todos: «Brabo, Brabo».