   Mandó el tío Antonio, el ciego, al lazarillo
que si su tabernera conocida
no llenaba fielmente la medida
le diese un golpecito en el tobillo.

   Fueron a la taberna, y el chiquillo
hizo luego la seña convenida,
y el ciego dijo en voz descomedida
¿Por qué no llena usted ese cuartillo?

   Viendo la tabernera que no era
el dicho ningún falso testimonio,
contestó: crea el diablo en tu ceguera.

   Bastante ciego soy, dijo el tío Antonio;
pero es usted capaz tía tabernera
de hacer abrir los ojos al demonio.