   Yo pienso como tú. Tampoco quiero
a la hora de la muerte ver visiones
que vengan ofreciéndome perdones
por el buen parecer, cuando me muero.

   Sólo el perdón de Dios busco y espero
y el cariño de honrados corazones,
que conviertan más tarde en oraciones
lo que era afecto fiel o amor sincero.

   Que la hora decisiva de la Muerte
no es hora de visitas de cumplido,
ni de cubrir menguadas apariencias,

   ni momento de verme, ni de verte,
quienes en la injusticia y el olvido
aparentan tranquilas sus conciencias.