   Si pudiera arrancar de mi memoria
las horas tristes que, por culpa ajena,
han sido para ti de angustia y pena,
las habría borrado de tu historia.

   Y de recuerdos de ilusión y gloria
teniendo sólo la existencia llena,
no estaría sujeto a la cadena
que me impone la línea divisoria.

   No ya amor para ti mendigué necio,
pues sacié tu ambición de ser amada,
ni a tu afán generoso puse precio;

   ni aun justicia exigí, siendo obligada,
pedí un poquito menos de desprecio
¡y ni eso me otorgaron! Total... nada.