   Cierra Nemur, de su escuadrón seguido,
contra el audaz ibero, que le atiende;
truena el bronce, chocando el hierro esplende,
retumba en torno el bélico alarido.

   Estrago a mil estragos añadido,
en la pólvora hispana el fuego prende:
ella furiosa por el aire asciende
en llama y humo y hórrido estampido.

   Mas tú, Gran Capitán, la espada al viento,
en fogoso corcel raudo atraviesas
tus huestes, deslumbrando con tu gloria.

   Y a tus leones, con alegre acento,
ánimo, gritas, mis amigos, esas
las luminarias son de la victoria.