   Ya rutilante en raudo remolino
hierve ¡oh Sol! en Oriente el polvo de oro
que tus ruedas levantan; ya el tesoro
de tus rayos relumbra diamantino.

   Desplegase ondeante y purpurino,
al revolar el céfiro sonoro,
tu regio manto, y en alegre coro
siguen las rubias Horas tu camino.

   Naturaleza ríe y se levanta
del sueño en que nació suspensa y muda,
y con su pompa y su beldad encanta;

   y el hombre que vacila ante la duda,
al contemplar magnificencia tanta,
vuelve a la fe y al Hacedor saluda.