   Quieren, ¡oh mi dolor! que a tu hermosura
de su ornamento natural despoje;
que el árbol pode, que la flor deshoje,
que haga al manto viril broche y cintura.

   Quieren que el verso arrebatado en dura
cárcel sonante y apretada aherroje,
cual la espiga deshecha en la alta troje
o en el tosco lagar la vid madura.

   No puede ser: La crónica alquilada
el paso ensaye y el sollozo, en donde
llena de untos, fingirá que implora.

   El gran dolor, el alma desolada,
ni con carmín su lividez esconde,
ni se trenza el cabello cuando llora.