   Un mover de ojos tímido y piadoso
sin causa alguna; un reír blando, honesto,
casi forzado; un dulce, humilde gesto,
de cualquier alegría receloso.

   Un despejo tranquilo y vergonzoso;
un responder gravísimo y modesto;
una clara bondad, cual manifiesto
indicio de un espíritu gracioso.

   Un osar apocado; una blandura;
un aire a un tiempo tímido y sereno;
un largo y obediente sufrimiento:

   Esta fue la seráfica hermosura
de mi Circe y el mágico veneno
que logró transformar mi pensamiento.