   Aquel radiante sol que me mostraba
el camino del cielo llano y cierto,
que de mi corazón triste e inexperto
toda sombra mortal siempre ahuyentaba,

   dejó ya la prisión en que se hallaba,
y ciego y solo estoy... Con paso incierto,
voy como un peregrino en el desierto
al que falta la luz que le guiaba.

   Con la alma triste y el juicio oscuro;
sus benditas pisadas voy buscando
por los montes y valles florecientes.

   En todas partes verla me figuro;
ella toma mi mano y va guiando,
y mis ojos la siguen hechos fuentes.