   Alabe otro la faz o los cabellos
de su amada, o alabe el marfil blanco
con que formó Natura el pecho y flanco;
cante otro de sus ojos los destellos.

   Yo a una belleza incorruptible tal
que aun ingenio divino no ha trazado;
un espíritu franco y elevado
que no sienta su peso corporal.

   Lleno de esta elocuencia, que deriva
del saber, de esa amable honestidad
de actos bellos y gracia nada esquiva.

   Si mi arte se pudiera a la bondad
de la materia igual, si estatua viva
tendría que durar más de una edad.