   ¡Grato viento de aliento perfumado
que ofreciendo vas bálsamo de flores!
¡Praderas deliciosas en que han llorado
Damoetas y Amarante sus dolores!

   ¡Umbrío bosque, río susurrante
que buen fin dar supiste a sus azares,
y en halago cambiaste sus pesares,
y una en otra sus alma suspirante!

   Quitóles la edad de oro el goce humano;
mas aunque hubieron el deseo sano
de siempre rechazar al amor fuera,

   siempre un remordimiento de ternura,
les hizo amar, al ver tanta hermosura,
el viento, el bosque, el río y la pradera.